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Entre los aliados más poderosos en la lucha a favor de la vida se encuentran los médicos y los profesionales de la salud. La industria abortista sabe, que sin estos profesionales, solo le queda desaparecer. En muchos lugares el número de médicos dispuestos a realizar abortos ya está comenzando a descender progresivamente, veamos algunos ejemplos...

Por ejemplo, este verano, el Canada’s National Post informó sobre "una disminución del número de abortos rurales (...) probablemente como consecuencia de los avances en la tecnología de ultrasonido,  que han permitido obtener imágenes muy claras de lo que sucede en el interior del útero (...) Esto nos permite ver, sin lugar a dudas, que el feto es un pequeño ser humano, una persona, y no un montón de células, como le gusta presentarlo a la industria del aborto (...) Esta tecnología está impidiendo que los médicos se engañen a sí mismos sosteniendo que ahí no hay nadie".

Un estudio publicado por el Dr. Norman (Universidad de Columbia) en 2011 demostró que el número de médicos que prestaban servicios en la realización de abortos había disminuido un 62 % entre 1998 y 2005. Y una serie de encuestas realizadas por la organización proaborto Abortion Rights, ha mostrado resultados esperanzadores (y preocupantes para ellos), pues cada vez menos estudiantes optan por la formación necesaria para realizar abortos, por lo que cada vez quedan menos profesionales especializados en este "servicio".

Otro ejemplo podría ser Italia, pues un informe reciente del gobierno ha mostrado que más del 80% de los ginecólogos y más del 50% de los anestesiólogos y enfermeras se niegan a participar en abortos.


La justicia se muestra más humana cuando intenta compaginar la ordenación de las leyes civiles con el respeto a la conciencia personal. Así lo ha entendido el Tribunal Superior de Justicia de Edimburgo (Escocia) al avalar la objeción de conciencia de dos comadronas respecto a su participación en actos que tengan que ver con un aborto.


“El derecho a la objeción de conciencia no puede referirse, de modo reductivo, al exclusivo momento de la interrupción quirúrgica del embarazo; sino que necesariamente se extenderá a todo el procedimiento destinado al aborto”. Según los jueces, “el derecho a la objeción de conciencia se extiende a cualquier etapa de la atención pre y post-operatoria de la interrupción del embarazo”.

Por otra parte, este Alto Tribunal hizo una aclaración respecto a la objeción de conciencia: “En cualquier caso, no es un problema técnico, sino un problema ético, y es por esto que incluso la mera presencia, durante la ejecución de un aborto, se debe evitar a un objetor, ya que este no puede ser considerado un mero observador pasivo”. Los jueces también añadieron que “el derecho a la objeción de conciencia no está reconocido porque se refiera a actos que alguna vez fueron ilegales, sino porque el aborto es percibido por muchas personas como un hecho moralmente repugnante”.


Fuente: Aceprensa

Cheryl asomó la cabeza en mi oficina. “Abby, necesitan que vuelva una persona extra a la sala de examen. ¿Estás libre?”.

Sorprendida, levanté la vista de mis papeles. “Claro”.

A pesar que había estado con Planned Parenthood durante ocho años, nunca había sido asignada a la sala de examen para ayudar al equipo médico durante un aborto, y no tenía idea por qué me necesitaban ahora. Las enfermeras de profesión eran las únicas que ayudaban en los abortos, no otro personal de la clínica. Como directora de esta clínica en Bryan, Texas, en un apuro yo podía reemplazar a alguien en cualquier puesto, excepto, por supuesto, a los médicos o enfermeras que realizan procedimientos médicos. En unas pocas ocasiones estuve de acuerdo con el pedido de una paciente para permanecer con ella y sostener su mano durante el procedimiento, pero sólo cuando yo había sido la consejera que había trabajado con ella durante la ingesta y el asesoramiento. Ese no era el caso hoy. Por eso me pregunté: ¿por qué me necesitan?

El abortista que estaba hoy de visita había estado aquí en la clínica Bryan sólo dos o tres veces antes. Él tenía un consultorio privado para abortos a unos 250 kilómetros de distancia. Cuando yo hablé con él sobre el trabajo varias semanas antes, él me había explicado que en su propio establecimiento sólo se hacían abortos guiados por ecografías, que es el procedimiento de aborto con el menor riesgo de complicaciones para la mujer, (...) hay menos posibilidades de perforar la pared uterina, que es uno de los riesgos del aborto. Yo respetaba eso de él (...) Sin embargo, yo le expliqué que esta práctica no era el protocolo en nuestra clínica. Él entendió y dijo que respetaría nuestro procedimiento típico, aunque se había acordado que él tendría la libertad de utilizar la ecografía si se encontraba en una situación particular que lo justificara.

(...) Por un momento sentí repugnancia fuera de la sala de examen. Nunca me gustó entrar en esta habitación durante un procedimiento de aborto, ya que nunca acepté lo que sucedía detrás de esa puerta. Pero ya que todos teníamos que estar listos en cualquier momento para arrimar el hombro y hacer el trabajo, abrí la puerta y entré.

La paciente ya estaba sedada, aún consciente pero aturdida, la luz brillante del médico cayendo sobre ella. Ella estaba en posición, los instrumentos estaban prolijamente dispuestos en la bandeja, al lado del médico, y una enfermera profesional estaba colocando la máquina de ecografías al lado de la mesa de operaciones.

“Voy a realizar un aborto guiado por ecografía en esta paciente. Te necesito para mantener la sonda del aparato”, me explicó el médico.

Cuando tuve la sonda del ultrasonido en la mano y ajusté la configuración de la máquina, yo discutía conmigo misma: no quiero estar aquí. No quiero participar en un aborto. A decir verdad, era una actitud equivocada, ya que yo necesitaba mentalizarme para esta tarea. Respiré hondo y traté de sintonizar la música de la radio, que sonaba suavemente en el fondo. "Es una buena experiencia de aprendizaje – Nunca antes he visto un aborto guiado por ecografía", me dije. "Tal vez esto me ayude cuando aconseje a las mujeres. Voy a aprender de primera mano acerca de este procedimiento más seguro. Además, estaré afuera en tan sólo unos minutos".

Yo no había imaginado cómo los siguientes 10 minutos sacudirían los cimientos de mis valores y cambiarían el curso de mi vida.

(...) Yo estaba esperando para ver lo que había visto en ecografías anteriores. Por lo general, dependiendo de lo avanzado que estuviera el embarazo y de la forma que el feto movía, primero sea veía una pierna, la cabeza o alguna imagen parcial del torso, por eso tuve que maniobrar un poco para obtener la mejor imagen posible. Pero esta vez la imagen era completa, es decir, pude ver el perfil completo y perfecto de un bebé.

"Se ve como Grace a las 12 semanas", pensé sorprendida, recordando la primera visión que tuve de mi hija, tres años antes, acurrucada y protegida dentro de mi vientre. La imagen que tenía ahora frente a mí parecía la misma, sólo que más clara y más nítida. El detalle me sorprendió. Pude ver claramente el perfil de la cabeza, ambos brazos, las piernas e incluso los pequeñísimos dedos de las manos y los pies. Era una imagen perfecta.

Pero rápidamente el aleteo de la cálida memoria de Grace fue sustituida por una oleada de ansiedad. "¿Qué voy a ver?" Mi estómago se puso rígido. "No quiero ver lo que está a punto de suceder".

Supongo que suena extraño, viniendo de una profesional que había administrado una clínica de Planned Parenthood durante dos años, aconsejando a las mujeres en crisis, programando abortos, revisando los informes mensuales del presupuesto de la clínica, contratando y capacitando personal. Pero extraño o no, el simple hecho es que yo nunca había estado interesada en la promoción del aborto. Yo había llegado a Planned Parenthood ocho años antes, creyendo que su propósito era principalmente prevenir embarazos no deseados y, en consecuencia, reducir el número de abortos (...) Y yo creía que Planned Parenthood salvaba vidas, las vidas de las mujeres que, sin los servicios proporcionados por esta organización, podrían recurrir a algún carnicero de la calle. Todo esto se aceleró a través de mi mente, mientras yo sostenía con cuidado la sonda en posición.

“Trece semanas”, oí decir a la enfermera después de hacer mediciones para determinar la edad del feto.

“De acuerdo”, dijo el doctor mirándome, “simplemente mantén la sonda en posición durante el procedimiento, así puedo ver lo que estoy haciendo”.

El aire fresco de la sala de examen me dejó fría. Mis ojos estaban todavía pegados a la imagen de este bebé perfectamente formado, cuando vi como se hacía presente una nueva imagen en la pantalla. La cánula – un instrumento unido al extremo del tubo de succión – había sido insertado en el útero y se acercaba hasta situarse al lado del bebé. Se veía como un invasor en la pantalla, fuera de lugar. Mal, esto simplemente se veía mal.

Mi corazón se aceleró. El tiempo se volvió más lento. Yo no quería mirar, pero no quería dejar de mirar bien. Yo no podía no observar. Yo estaba horrorizada, pero fascinada al mismo tiempo, como un papamoscas que reduce la marcha cuando pasa al lado de algunos restos horribles de un automóvil: no queriendo ver un cuerpo destrozado, pero mirándolo lo mismo.

Mis ojos volaron hacia el rostro de la paciente, las lágrimas corrían por las comisuras de sus ojos. Pude ver que estaba dolorida. La enfermera secó el rostro de la mujer con un pañuelo de papel.

“Simplemente respire”, la enfermera la alentó gentilmente. “Respire”.

“Está casi terminado”, susurré. Quería mantenerme concentrada en ella, pero mis ojos se zambulleron de nuevo en la imagen en la pantalla.

Al principio, el bebé no parecía consciente de la cánula. Se situó suavemente al lado del bebé, y por un instante sentí un rápido alivio. "Por supuesto", pensé. "El feto no siente dolor". Yo había tranquilizado a un sinnúmero de mujeres sobre esto, tal como me habían enseñado en Planned Parenthood. "El tejido del feto no siente nada cuando se lo elimina. Entiéndelo, Abby. Éste es un procedimiento médico rápido y simple". Mi cabeza estaba trabajando a pleno para controlar mis respuestas, pero yo no podía eliminar una inquietud interior que rápidamente estaba llegando a la cima del horror en el momento que observé la pantalla.

El siguiente movimiento fue la sacudida repentina de un pie pequeño, en el momento que el bebé comenzó a patear, como si estuviera tratando de alejarse de la sonda invasora. A medida que la cánula lo apretaba al costado, el bebé empezó a luchar para girar y girar de inmediato. Me pareció claro que podía sentir la cánula, y que no le gustaba lo que estaba sintiendo. Y luego la voz del médico se abrió paso, provocándome un susto.

“Sonríe, Scotty”, le dijo despreocupadamente a la enfermera. Él le estaba diciendo que volviera a la succión – en un aborto, la succión no está activada hasta que el médico siente que la cánula está en el lugar exacto.

Tuve un repentino deseo de gritar “¡Alto!”. Quería sacudir la mujer y decirle: “¡Mira lo que le está sucediendo a tu bebé! ¡Despierta! ¡Date prisa! Haz que se detengan!”.

Pero aun cuando pensaba estas palabras, vi que mi propia mano sostenía la sonda. Yo era uno de “ellos” al llevar a cabo este acto. Mis ojos se sumergieron de nuevo en la pantalla. La cánula ya estaba siendo girada por el médico, y ahora pude ver el pequeño cuerpo retorciéndose violentamente con ello. En el brevísimo momento en que el bebé se veía como si estuviera siendo exprimido como un trapo de cocina, giró y se encogió. Y luego se desplomó y comenzó a desaparecer dentro de la cánula ante mis ojos. Lo último que vi fue la espina dorsal pequeña, perfectamente formada, succionada por el tubo, y luego se fue. El útero quedó vacío, totalmente vacío.

Quedé helada, no lo podía creer. Sin darme cuenta, me desprendí de la sonda. Ésta se desplazó fuera de la panza de la paciente y se deslizó sobre su pierna. Yo podía sentir mi corazón golpeando, latiendo tan fuerte que mi cuello vibraba. Traté de hacer una respiración profunda, pero sin poder respirar hacia adentro o hacia afuera. Yo seguía mirando a la pantalla, a pesar que estaba negra, porque yo había perdido la imagen. Pero no estaba registrando nada para mí. Me sentí demasiado aturdida y sacudida para moverme. Yo escuché al médico y a la enfermera conversando en forma casual mientras trabajaban.

(...) La imagen del pequeño cuerpo, mutilado y aspirado, se estaba repitiendo en mi mente, y con ello la imagen de la primera ecografía de Grace, que había sido aproximadamente del mismo tamaño.

(...) “Cuando estuviste embarazada de Grace, no era un feto, sino un bebé”, dijo Doug. Y ahora esto me golpea como un rayo: ¡Tenía razón! Lo que estaba en el vientre de esta mujer hace un momento era algo vivo. No era solamente tejidos o células. Era un bebé humano. ¡Y estaba luchando por su vida! Una batalla que perdió en un abrir y cerrar de ojos. Lo que he dicho a la gente durante años, lo que he creído y enseñado y defendido, es una mentira.

De pronto sentí los ojos del médico y la enfermera sobre mí. Esto me sacó de mis pensamientos. Me di cuenta que la sonda estaba extendida en las piernas de la mujer y a duras penas pude volver a ponerla en su lugar. Pero ahora mis manos estaban temblando.

“Abby, ¿estás bien?”, preguntó el médico. Los ojos de la enfermera buscaban mi cara, porque estaba preocupada.

“Sí, estoy bien”. Todavía no había ubicado la sonda en la posición correcta, y ahora estaba preocupada porque el médico no podía ver el interior del útero. Mi mano derecha sostenía la sonda, y mi mano izquierda estaba cautelosamente puesta en el vientre cálido de la mujer. La miré a la cara, en la que había más lágrimas y una mueca de dolor. Corrí la sonda hasta que recuperé la imagen del útero ahora vacío. Mis ojos viajaron de nuevo a mis manos. Las observé como si ellas no fueran las mías.

"¿Cuánto daño han hecho estas manos en los últimos ocho años? ¿Cuántas vidas han sido tomadas a causa de ellas? No sólo de mis manos, sino a causa de mis palabras. ¿Y si yo hubiera sabido la verdad, y lo que le dije a todas esas mujeres?" ¡Yo había creído en una mentira! Yo había promovido ciegamente la “línea de la compañía” durante tanto tiempo. ¿Por qué? ¿Por qué no había buscado la verdad por mí misma? ¿Por qué yo había cerrado los oídos a los argumentos que había escuchado? ¡Oh, Dios mío, ¿qué he hecho? (...) ¡Nunca más! Nunca más.

(...) Cuando la enfermera limpió a la mujer, dejé la máquina de ecografías, luego desperté suavemente a la paciente, que estaba débil y atontada (...) Al igual que tantos pacientes que había visto antes, ella continuó  llorando, envuelta en un obvio dolor emocional y físico. Hice mi mejor esfuerzo para hacerla sentir más cómoda.

Diez minutos, tal vez 15 a lo sumo, habían pasado desde que Cheryl me había pedido que fuera a ayudar en la sala de examen. Y en esos pocos minutos todo había cambiado. Drásticamente. La imagen de ese pequeño bebé retorciéndose y luchando se mantuvo repetidas veces en mi mente. Y la paciente: me sentía tan culpable. Yo había tomado algo precioso de ella, y ella ni siquiera lo sabía.

¿Cómo había llegado a esto? ¿Cómo había permitido que pasara esto? Yo me había comprometido a fondo, mi corazón y mi carrera en Planificación Familiar porque me preocupaba por las mujeres en crisis. Y ahora me enfrenté a una crisis que era totalmente mía.

Y yo necesitaba desesperadamente saber qué hacer a continuación...

Este testimonio es el primer capítulo del libro de la propia Abby Johnson, donde narra su conversión del mundo del aborto. Este libro se llama «UnPlanned» (No planificado), que se publicó el 11 de enero de 2011.


Fuente: Hacer familia



La organización Choose Life de Masachusetts ha lanzado una peculiar iniciativa provida: matricular los coche con una matrícula muy especial donde se apoya la vida. 


Actualmente esto solo se puede hacer en este estado de EEUU, pero esperemos que llegue pronto a Europa.

Si quieres matricular tu coche como provida, haz clic aquí.


Fuente: LifeSiteNews
El Pontificio Consejo de los Laicos (PCL) ha anunciado que recogerá firmas en toda la Unión Europea para que «la dignidad humana y el derecho a la vida de cada ser humano desde su concepción sea tratado en las instituciones europeas en un debate adecuado».

El PCL ha recordado también en su comunicado que, aunque la UE no tiene potestad para cambiar las leyes estatales que conciernen a la vida, sí que puede, en cambio, «tener una actitud coherente con el principio de la dignidad de cada ser humano desde la concepción en todas las actividades que ella desarrolla en modo directo», como las referentes a la investigación científica o a la Sanidad.

Y junto a la recogida de firmas, se celebrarán «actividades educativas y culturales» con la intención de conseguir «una unidad de intentos que sean tan fuertes y visibles que sugiera un diálogo sincero y constructivo con todos los hombres».

Fuente: ABC
Chen Guangcheng ha sacudido China con su activismo defendiendo a los discapacitados, a los campesinos y a las embarazadas obligadas a abortar y a esterilizaciones forzosas para cumplir con la política de una familia un hijo; este empeño le valió que le llamaran "el abogado".

Desde muy joven, Chen defendió a los que, como él (padece ceguera), padecían una discapacidad. Con el país empeñado en la reforma del sistema, los discapacitados eran tratados casi como apestados.

No tuvo problemas serios hasta que en junio de 2005 denunció que las autoridades locales de Shandong realizaban abortos forzosos a mujeres en avanzado estado de gestación y esterilizaciones para cumplir las cifras de población que les que exigía el Gobierno. Su informe le valió la ira del Régimen, y dos meses después fue sometido, a arresto domiciliario y justo un año después fue condenado a cuatro años de cárcel.

Aunque salió libre en 2010, las autoridades de Shandong le confinaron con su familia en una casa de la aldea de Dongshigu, sin salir ni recibir a nadie y vigilado por un centenar de agentes. Consiguió escapar y refugiarse en la Embajada de EE UU, donde entró el 27 de abril y permaneció seis días. 

Finalmente, la Universidad de Nueva York le ha ofrecido una plaza para estudiar Derecho y el Gobierno chino ha permitido su partida. 

"No se trata sólo de un activista conocido, sino defensor de los derechos humanos y la esperanza de 1.300 millones de chinos", aseguró Clinton.


Fuente: El País
La Sociedad Médica de Massachusetts, con más de 23.000 miembros, votan para reafirmar su oposición al suicidio asistido por médicos.

Esta oposición al suicidio asistido ha sido parte de una declaración de política más amplia que incluye el reconocimiento de la dignidad del paciente al final de la vida y el papel del médico en el cuidado de los pacientes con enfermedades terminales. Esta resolución fue aprobada por más del 75 por ciento de los delegados de la Sociedad.

Lynda Young, presidente de la Sociedad, dijo que "los médicos de nuestra sociedad han declarado claramente que el suicidio asistido es incompatible con el papel del médico como proveedor de servicios de curandero y de la salud. Al mismo tiempo reconocemos la importancia de la dignidad del paciente y el papel crítico que los médicos tienen en la atención al final de su vida".

Además, "ofrecer a los médicos el tratamiento de pacientes con enfermedades terminales, con la formación ética, médica, social y legal, capacitación y recursos para que puedan contribuir a la comodidad y la dignidad del paciente y la familia del paciente".


Todos los médicos del Servicio Público de Salud de Extremadura han mostrado su intención de postularse como objetores de conciencia de la Ley del Aborto. Más de cien profesionales sanitarios relacionados con el embarazo –ginecología, tocología, planificación familiar, Atención Primaria y familiar– han enviado la solicitud de acogimiento a la objeción de conciencia a los correspondientes colegios de médicos para evitar practicar más abortos dentro de esta comunidad autónoma.

No sólo han sido los médicos que están directamente relacionados con el embarazo los que han mostrado su rechazo a practicar más abortos en Extremadura. Casado informa de que también hay un número importante de profesionales de la Atención Primaria y familiar –cuya misión es informar a la paciente de su estado, hacer la ecografía y determinar la edad gestacional– que también han mostrado su intención de objetar.

“Muchos creen que con sólo informar del tiempo de gestación a una mujer con intención de terminar con su embarazo ya están participando en el proceso abortivo”, apunta Casado, que también es miembro de la Comisión Deontológica de la Organización Médica Colegial.

Por otro lado, el presidente de la Comunidad de La Rioja, Pedro Sanz, aseguró que la mayoría de médicos de su comunidad se ha acogido a la objeción de conciencia para no practicar estas intervenciones.


Actualmente, el parlamento portugués se encuentra deliberando sobre varias medidas legislativas con que se podría legalizar el suicidio asistido por un médico, es decir, la eutanasia.


Según Miguel Oliveira da Silva, Presidente del Consejo Nacional de Ética para las Ciencias de la Vida, de Portugal, solamente uno de cada diez médicos estaría dispuesto a practicar la eutanasia, si fuese legalizada.

“Si es obligatoria, siempre existe la posibilidad de que los médicos invoquen la objeción de conciencia, y (...) ciertamente habrá de exceder aquella sobre la interrupción voluntaria del embarazo (el aborto), que fue cerca del 80 por ciento. Hasta podría exceder el 90 por ciento”, aseveró Oliveira.

Fuente: Notifam