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Kate Allat sufrió un derrame cerebral a los 39 años. Pasó 10 días en coma tras el derrame, y aunque los médicos lo desconocían, era perfectamente consciente de lo que sucedía a su alrededor.

Los médicos "pensaban que estaba en estado vegetativo, pues no podía mover ningún músculo", pero Kate seguía allí, en una "pesadilla viviente" (el "síndrome del cautiverio" también llamado), pues escuchaba las discusiones del los médicos y sus familiares sobre desconectarla de la máquina de soporte, pensando que estaba muerta cerebralmente.

Existen otros casos similares a este, como el de Kate Adamson, que atestiguó que estar sin alimentación fue mucho peor que la operación con anestesia inadecuada que le provocó el coma del que creían que nunca iba a salir (y del que al final salió victoriosa).

De todo eso se podrían extraer unas ideas básicas:
  1. Un diagnóstico adecuado de inconsciencia, de coma irreversible, requiere meses, no días. Teniendo cuidado, porque determinadas decisiones no tienen vuelta atrás.
  2. Nunca hablar delante del paciente de cosas que podrían afectarle directamente y que no le gustaría, pues como hemos visto, podría estar perfectamente consciente mentalmente.


El 25 de enero, la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa aprobó una resolución no vinculante destinada a reforzar la protección de los pacientes incapaces de expresar su consentimiento (Resolución 1859). La norma recuerda “en caso de duda, la decisión siempre ha de ser en favor de la vida y de la prolongación de la vida”.


Aunque esta norma no lidia directamente con la eutanasia ni con el suicidio asistido, el Consejo quiere marcar distancia con estas prácticas de forma tajante: “La eutanasia, entendida como el acto intencionado de matar por acción u omisión a un ser humano dependiente por su supuesto beneficio, siempre ha de ser prohibida”.

La Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa establece una serie de recomendaciones y principios para lograr una protección más uniforme de esos pacientes al final de la vida, bien porque hay países donde no hay regulación legal al respecto o bien porque hay otros en los que se da valor obligatorio a las voluntades anticipadas.


Fuente: Aceprensa

El Tribunal Supremo irlandés dice no a la aprobación de la eutanasia. Marie Fleming de 59 años y enferma de esclerosis múltiple presentó una demanda de inconstitucionalidad en contra de la ley aprobada en 1993 que condenaba a aquellas personas que facilitaban el suicidio asistido. Fleming alega que la legislación vigente atenta contra sus derechos a la autonomía y a la dignidad.


Los tres jueces que forman parte del Alto tribunal Irlandés encargados de resolver este caso han resuelto que “no existe el derecho al suicidio”, aunque esté despenalizado. Afirman que aceptar el derecho al suicidio asistido sería algo contrario al interés público, ya que personas vulnerables –discapacitados, personas mayores o niños con problemas psíquicos...– podrían quedar desamparados y ser influenciados por sus familiares o personas más cercanas a que voluntariamente pongan fin sus días.

Asimismo, tal como afirma el magistrado Nicholas Kearns, a pesar de que se impusieran estrictas salvaguardas el derecho al suicidio asistido “sería casi imposible de controlar”. De hecho expone el caso de Holanda, país en el que fue aprobada la eutanasia, y se ha demostrado que se les ha ido el control de la situación en este punto.


Fuente: Aceprensa