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Los ateos no tienen un papa, pero hay un dogma al que todos deben adherirse: ser ateo significa apoyar el aborto... No lo hagáis y seréis tachados como “secretamente religiosos”. Cuando me uní al grupo ateo provida Secular Pro-Life un popular blogger ateo nos acusó de haber “mentido sobre el hecho de ser ateos” (palabras de Kristine Kruszelnicki, directora de Pro-Life Humanists).

Pro-Life Atheist

Hay una clara dificultad en aceptar que existan provida no religiosos. Pero existimos, y por dar solo unos nombres, podríamos destacar pensadores como Robert Price, Nat Hentoff, Arif Ahmed, Don Marquis, Mary Meehan...

Otro ejemplo, en un debate en 2008 el autor ateo y provida Christopher Hitchens respondió ante la pregunta de si se oponía al aborto: “He tenido muchas confrontaciones con algunos de mis colegas materialistas y laicistas sobre este punto, pero creo que si el concepto de ‘niño’ significa algo, se puede decir que también el concepto de ‘niño concebido’ significa algo. Todos los descubrimientos de la embriología (...) parecen confirmar esta opinión, que creo que debería ser innata en cada uno. Es innata en el juramento de Hipócrates, es instintiva en cualquiera que haya visto jamás una ecografía. Por esto, mi respuesta a la pregunta es ‘sí’ ”.

Entre los provida humanistas hay ateos y agnósticos consumados, ex-cristianos, conservadores, liberales, veganos, gay y lesbianas, e incluso creyentes, que comprenden la fuerza de las argumentaciones no religiosas frente a públicos no creyentes. Hemos evolucionado eliminando gradualmente prejuicios como el racismo, el machismo, la discriminación de los discapacitados... ¡borremos también la discriminación por la edad!


Fuente: Aleteia
¿Merece la pena vivir? Esta misma pregunta se la planteó un grupo de 12 amigos universitarios. Su respuesta fue un ¡SÍ! rotundo. Es por ello que decidieron crear el portal Tsunamis de vida. A través de vídeos cortos, este proyecto pretende mostrar que los problemas o dificultades en la vida no son un freno para alcanzar la felicidad.



A día de hoy, cuentan con 8 vídeos en su canal de Youtube. Todos ellos muestran situaciones vitales complicadas muy diversas, pero con un mensaje común: la vida es un don y por ello merece la pena ser vivida.


Fuente: Arguments
Concepción Medialdea es doctora en Ginecología por la Universidad de Valencia y farmacéutica de origen, especializada en fertilidad y sexualidad humana.
Actualmente, compagina las clases que imparte en el PontificioInstituto Juan Pablo II sección española sobre los métodos de reconocimiento de la fertilidad y la educación de la sexualidad para la familia con la dirección del Instituto Valenciano de Fertilidad, Sexualidad y Relaciones Familiares (IVAF), de la que es miembro fundador y presidenta.

Buenos días Concepción, ¿a qué se debe que una farmacéutica se interese de pronto en el tema de la fertilidad humana, un tema que un principio correspondería más al ámbito médico?

La propia vida me ha ido llevando por este camino. Después de tener a nuestra cuarta hija, por causa de una enfermedad, necesitamos recurrir a los métodos de reconocimiento de la fertilidad y me di cuenta que no eran enseñados por profesionales especializados sino casi por cualquiera en cualquier lugar y de casi cualquier manera. Esa circunstancia se unió con otra. Dos años antes había tenido que dejar mi trabajo profesional porque éste, como analista y farmacéutica adjunta, me dejaba muy poco tiempo libre a la semana y estaba muy cansada al compaginarlo con el cuidado de mis hijos. Las dos circunstancias unidas me encaminaron a iniciar un nuevo camino profesional en cuanto pude reponerme y empezar a tener algo más de tiempo. Y para poder transitarlo empecé a especializarme: primero estudiando un Máster en Reproducción Humana en la Facultad de Medicina, después realizando los cursos de doctorado en ginecología, asistiendo a congresos internacionales sobre avances en regulación de la fertilidad, realizando la suficiencia investigadora y la tesis doctoral en ginecología: sobre parámetros biofísicos, bioquímicos y microscópicos para facilitar el conocimiento de la fertilidad. No había una especialidad en reconocimiento de la fertilidad, así que la fui adquiriendo por los caminos que Dios me dio a entender.

Ser mejores familias, mejores padres, madres, hijos o hermanos es posible... ¿y cómo? De la misma forma que cada vez más profesionales acuden a un «coaching ejecutivo» o a un entrenadamiento profesional para mejorar sus desempeño en el ámbito laboral, cualquier padre o madre puede acudir a un «coaching» o entrenador familiar y mejorar el estado vital de su familia.

Según Beatriz Rodríguez, de www.elcoachingfamiliar.es, cuando alguien desea cambiar o elevar las relaciones entre sus miembros y acude a ellos solicitando este servicio, lo primero que se le explica es que el "coach" o entrenador no te busca las soluciones, te ayuda a encontrarlas por tí mismo».

En los momentos de cambio, indican desde la Asociación Española de Coaching de Familia (Aecofam), es donde puede ser interesante recurrir a este tipo de ayuda. «La llegada de los hijos, la crianza y la educación, la elección de pareja, las rupturas, las mejoras profesionales, el papel de los ancianos... Son situaciones de cambio que podemos gestionar profesionalmente para lograr mejores resultados, mayor calidad de vida».

«El "coach" ve lo mejor de ti mismo, se apoya en tus fortalezas para trasladar ese patrón de eficacia a tus posibles puntos de quiebre en el ámbito familiar. Tu "coach" es tu copiloto, es experto en mapas y te ayudará a encontrar las respuestas que despiertan tus recursos interiores».


Fuente: ABC.es

«Mis primeros pasos hacia la autonomía». Es el título que reza en una guía publicada por la asociación Down España y la Fundación Pelayo para fomentar la autonomía de los niños con síndrome de Down desde sus primeros meses de vida. La publicación, realizada por expertos en atención temprana, es un referente de apoyo a familias y pretende ayudarles a reconocer la importancia de esta primera etapa en los niños con esta discapacidad, unos años que sentarán no solo las bases para su adecuado desarrollo, sino también las de su futura autonomía.

La atención temprana ayuda a que el bebé con síndrome de Down tenga una vida plena y llena de posibilidades. Esta atención, que comienza pocos días después del nacimiento y se desarrolla hasta los seis años, permite el desarrollo psicomotor, cognitivo, lingüístico, social y afectivo del niño.

Se ha comprobado que aquellos bebés que han seguido estos programas tienden a desarrollar mejor sus capacidades y como adultos logran una mayor calidad de vida, que aquellos que no se han beneficiado de los mismos.

En todo este proceso la familia resulta un elemento clave pues es el principal apoyo en los progresos del niño, su referencia y su vínculo con el mundo que le rodea.


Fuente: ABC.es
Educar es una de las tareas esenciales de los padres. Una nueva guía publicada por el Ministerio de Sanidad, Servicios sociales e Igualdad y la ONG Save the Children esclarece cómo hacerlo. Titulada "¿Quién te quiere a ti?", entre otras, aporta las siguientes pautas:

1. Conocer a los hijos. Cada niño es único, nunca se debe caer en las comparaciones con otros. El proceso individual de desarrollo marca las actitudes de los hijos y debe servir para que los padres les comprendan. Hablar con otros padres y con los propios hijos permite distinguir los comportamientos típicos de cada edad o etapa, para saber cuándo se puede considerar que una reacción responde a un patrón general o no.

2. Proteger al bebé. Desde pequeños, los hijos reconocen a sus padres. Les tranquiliza escuchar su voz y sentirse protegidos. Es fundamental que los progenitores les transmitan afecto y atención para que adquieran confianza y se sientan tranquilos.

3. Permitir que los pequeños exploren el entorno. Hasta los 3 años, es frecuente que los niños tiren objetos al suelo o rompan, de manera fortuita, otros artículos de decoración. Es esencial no enfadarse cuando esto ocurra, sino garantizar un entorno seguro a los pequeños, hablarles y escucharles cuando ellos se expresen.

4. Paciencia, límites y normas. A partir de los 3 años, llega el momento de "introducir normas de convivencia en casa" y explicar a los hijos los motivos de estas normas. Los niños han de saber que no siempre conseguirán todo lo que quieran, pero sin rabietas. El autocontrol y la protección son dos enseñanzas básicas que deben transmitirles los padres. Aunque se les pongan restricciones, siempre se estará a su lado.

5. Detectar problemas de inseguridad. De los 6 a los 10 años, los niños son especialmente sensibles y vulnerables. Su autoestima se daña con facilidad y, por ello, hay que cuidar las críticas. Es importante reconocerles lo que hacen bien y "estar atentos a síntomas de inseguridad en la escuela, ya que pueden provocar tristeza, apatía o rabia". No hay que magnificar las equivocaciones, se debe evitar que el niño vea estos errores como fracasos y debe sentirse siempre apoyado.

6. Mucho diálogo en la adolescencia. La adolescencia es la etapa más complicada. Los amigos cobran importancia, se experimentan cambios físicos, psicológicos y conductuales y son frecuentes los extremos (confianza exagerada, vergüenza excesiva, terquedad, tranquilidad). Padres e hijos han de pasar tiempo juntos, mostrarse cariño y comprenderse mutuamente. Hay que potenciar su autoestima.

7. Crear un vínculo afectivo. No hay que tener miedo a expresar los sentimientos, al contrario. Es frecuente ser amable con personas ajenas a la familia o los amigos, mientras que con estos no siempre se trabaja la afectividad. Crear un vínculo entre padres e hijos favorece el equilibrio emocional y una relación más sana.

8. Solucionar conflictos de manera pacífica. Los gritos son enemigos del entendimiento. Siempre que surja un conflicto, se debe resolver de manera tranquila, sin alterarse. Sobre todo, los padres han de escuchar a los hijos, ponerse en su lugar, mantener un clima de respeto y cordialidad y negociar con ellos las soluciones.

9. Sanciones. Las sanciones no tienen que interpretarse como castigos, sino como herramientas para establecer límites. Las sanciones deben comunicarse de antemano, para que los hijos las conozcan, ser proporcionadas, aplicarse cuando se detecte el motivo de la misma y aplicarse, una vez más, sin enfadarse, sino con una actitud tranquila y firme.

10. Comunicación asertiva. La claridad debe ser una constante en los mensajes que se transmitan a los hijos, pero además, hay que asegurarse de que estos los reciben. La relación ha de ser cordial y establecerse siempre a partir del diálogo y no de la imposición, por ninguna de las partes.

La guía se completa con un blog, donde un grupo de expertos y padres orienta a otros padres sobre la experiencia de serlo.


Fuente: Consumer